El tricolor resolvió el encuentro desde el primer tiempo y se convirtió en una aplanadora; Tala mantiene invicto su arco y Gil Mora despliega un gran nivel, mientras que Raúl Jiménez y Julián Quiñonez suman tantos
Ciudad de México; 1 de julio del 2026.- México vivió una noche que llevaba 40 años esperando: dos cierres fulminantes de los delanteros Raúl Jiménez y Julián Quiñones le dieron a El Tri su primera victoria en una fase de eliminación directa del Mundial desde 1986. El Estadio Azteca explotó de alegría, con ese desahogo propio de las décadas en las que el fútbol duele… hasta que finalmente responde.
Pero el impacto no se limitó al resultado. Roberto Alvarado se robó una marca histórica al convertirse en el primer jugador mexicano en registrar tres asistencias en un solo Mundial. Una vez más, fue pieza clave para conectar el juego, encontrar espacios y darle continuidad al ataque alrededor de Jiménez, Quiñones y Gilberto Mora.
Una alineación con sorpresa y un cambio de ritmo
La gran novedad estuvo en el once inicial: Gilberto Mora apareció como titular y respondió con la serenidad de un futbolista con más experiencia. Con 17 años y 259 días, se convirtió en el segundo jugador más joven en iniciar un partido de eliminación directa en la historia de los Mundiales, solo superado por Pelé, que lo hizo a los 17 años y 239 días en 1958. Su rol fue determinante para desordenar la estructura de Ecuador y abrir caminos hacia el área.
En el terreno, Mora se movió con libertad en una función que incomodó a la defensa rival: al ocupar zonas intermedias y alterar la salida, rompió el plan defensivo de Ecuador y ofreció una ruta distinta para que México llegara con peligro en el tramo final.
Alvarado hizo historia y Quiñones definió cuando importaba
Más allá de la sorpresa táctica, el partido también tuvo un protagonista ofensivo recurrente. Roberto Alvarado fue el combustible: desde posiciones que le permitían recibir y girar, asistió y aceleró la jugada, especialmente en los momentos en los que México necesitaba precisión para terminar la transición.
Por su parte, el control emocional del equipo se notó cuando Julián Quiñones se hizo dueño del balón. Su lectura del partido fue completa: ayudó en tareas de repliegue cuando hacía falta construir desde atrás y luego apareció donde se decide el marcador. Su gol terminó de confirmar una idea que ya se venía repitiendo durante el torneo: es el atacante mexicano más determinante.
El otro golpe llegó por el costado de Raúl Jiménez. Marcó su segundo gol del torneo y, además de definir, sostuvo el frente: buscó asociarse, atrajo gente y facilitó que el resto encontrara espacios para sumarse al ataque. Su liderazgo también fue evidente en el momento de abrir la puerta del triunfo.
Un triunfo que cambia la historia
Más que un pase de ronda, esta victoria representa un antes y un después para México en el Mundial. La combinación entre inteligencia táctica, impulso ofensivo y momentos de definición —con Jiménez y Quiñones como cierres, y Alvarado como conductor histórico— permitió romper una barrera que parecía eterna. Ahora, el Estadio Azteca no solo celebró: también confirmó que El Tri puede competir y ganar en las noches que realmente pesan.












